
Si, afortunadamente me tocó ser el cronista del show. Cuando entré a La Fuente vi tanta gente que quedé impactado. Viejos seguidores, nuevas groupies y sientos de turistas gringos que ya no saben qué conocer en Buenos Aires.
Fue justamente con un viejo canadiense que me puse a hablar. Un hombre pasadito de edad que venía a dedo desde su país y, según afirma, arrancó en julio del año 2002 y la semana pasada llegó a tierra porteña. De todas formas, lo más interesante fue cuando me habló de Woodstock. “Yo estuve en ese festival, y aca, por lo que puedo ver, debe haber 3 o 4 personas menos, así que… bastante bien esta agrupación”, afirmó el hombre (cuyo nombre no recuerdo) y con un acento español bastante malo, con lo cual dudo que haya querido decir esto que acabo de contar.
En lo que respecta al recital en sí, Claribel Mota sonó como si el “recreo” que se habían tomado no hubiese existido. Ni la explosión de uno de los parlantes del lugar desentonó con los acordes desplegados por Ismael Rotela, más conocido como el Jipi. Apropósito de esto, hay quienes piensan que fue un intento de asesinato hacia el sucio de la banda y se sospecha de Mark David Chapman (asesino de Lennon).
Los Motas brindaron un gran espectáculo y, producto de ello, fueron ovacionados por todos. Algunos, incluso, se animaron a pedirles que siguieran tocando; otros, más osados, reclamaron un pronto show. Desde aquí pensamos que fue suficiente, y creemos que lo escuchado llenará los oídos por 48 horas. Luego, a reclamar.
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