
Pues que fue de pura casualidad todo. Justo había vuelto de Zaragoza y me enteré, al pisar suelo argentino, que los paletos estos de Claribel Mota brindaban una nueva función en Hurlingham. “¡Coño! Que se me apetece estar ahí”, me dije. Asi que pa’ no pensar en mas na’ me mandé la portátil al oído y con el ferrocarril Urquiza me dirigí a campo mota.
Tío, pero que noche más maja pasé. Muchas personas con caras nuevas que jamás había visto. Sin embargo, ahí estaban: la mansión, la parrilla, la piscina y… Oh! Los Motas! Pero que chavales de los más lindos, ¡joder! Si hasta se me pone la piel de pollo, ¿sabes?
Cada rincón del lugar tenía un puñado de personalidades esperando el inicio de sesión. Hasta que en un momento dado los acordes comenzaron a zonar… puf, que ya ni recuerdo los temas que ejecutaron, pa’ mi que fue el contenido de la nevera que me llevó a un estado de no poder recordar las canciones. Es que me quedé flipando en colores con la escenografía, algo que nunca había visto, se puede decir que ¡Claribel Mota tocó en una selva!
Los chavales hicieron un descanso para que tocaran unos amigos con miles de bombos y tambores que lograron hacer vibrar las caderas de las tías que deambulaban por allí.
Asi fue hasta que llegó la segunda mitad con artistas invitados: Eloy y Seba de Don Bronce, uno de los muchachos percusivos y el Rolo reemplazando al Jipi en guitarras (pues, pa’ mi que este tío se quería ir de copas).
La noche fue perfecta, claro que os gustó, y mogollón. Un recital de ostias y esperando ahora que se repita en algún momento del verano argentino.
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